Endometriosis y nutrición: cómo la alimentación actúa sobre la inflamación y el dolor

Endometriosis y nutrición: cómo la alimentación actúa sobre la inflamación y el dolor

La endometriosis no es una enfermedad localizada en la pelvis.
Es una condición que atraviesa a la mujer en todas sus capas: energética, metabólica, inmunológica, emocional y funcional. Durante años se ha descrito como una patología “ginecológica”, como si su impacto terminara en el útero o en los ovarios, pero la ciencia actual muestra algo mucho más profundo: la endometriosis es una enfermedad sistémica con inflamación crónica que afecta al metabolismo celular, al equilibrio hormonal, a la microbiota y a la manera en que el cuerpo gestiona el dolor y la energía.

Y cuando una enfermedad toca tantos sistemas a la vez, su abordaje también tiene que ser sistémico.
No basta con apagar síntomas.
Hay que comprender el entorno biológico en el que esos síntomas se generan.

Muchas mujeres llegan a consulta exhaustas, sintiendo que han probado “todo”, pero que algo en su cuerpo sigue inflamado, tenso, lento o desregulado. Y lo que más escucho es una mezcla de incomprensión y culpa: “¿Por qué me duele tanto si intento cuidarme?”
La respuesta es siempre la misma: porque la endometriosis no se calma solo con buena voluntad, sino con intervenciones que actúan sobre sus raíces fisiológicas.

La nutrición como moduladora del terreno inflamatorio

En los últimos años hemos comprendido que la alimentación no es únicamente combustible, sino un lenguaje bioquímico capaz de modular algo tan complejo como son los procesos de inflamación corporal, el estrés oxidativo, el metabolismo de los estrógenos, la permeabilidad intestinal y la forma en que el sistema inmunitario interpreta el entorno.

Cuando el cuerpo vive en un estado inflamatorio constante, las células producen más especies reactivas de oxígeno, la señalización hormonal se altera (debido a la inflamación algunos receptores hormonales son menos sensibles) y el sistema inmunológico se confunde entre proteger y atacar.

¿Qué implica que las células produzcan más especies reactivas de oxígeno (ROS)?

Las especies reactivas de oxígeno (ROS) son moléculas que se generan de forma natural cuando producimos energía, sobre todo en las mitocondrias. En pequeñas cantidades, son normales e incluso necesarias para ciertas señales celulares.

El problema llega cuando, por inflamación crónica, estrés, mala alimentación o alteraciones metabólicas, se producen más ROS de los que el cuerpo puede neutralizar.

¿Qué ocurre entonces?

  • Las ROS empiezan a dañar lípidos, proteínas y ADN.

  • Las membranas celulares se vuelven más duras y frágiles: porque cuando hay inflamación se depositan más fibras de colágeno que generan fibrosis con tejidos más duros, menos elásticos y esto por una parte dificulta una correcta comunicación entre células, puede atrapar células inmunes y moléculas inflamatorias y hace que el tejido responda peor al movimiento por lo que hay más dolor con menos estímulo es decir ante ciertas posturas que no deberían doler. 

  • Las mitocondrias funcionan peor y producen menos energía.

En este contexto, una nutrición desordenada, rica en ultraprocesados o pobre en antioxidantes, amplifica ese estado de alarma.

En cambio, una alimentación antiinflamatoria (rica en frutas, verduras, antioxidantes, crucíferas, omega-3, fibra soluble y proteína suficiente) puede reducir el dolor pélvico, disminuir la necesidad de antiinflamatorios, aliviar la hinchazón, equilibrar el tránsito intestinal y mejorar la energía. No porque sea una “dieta milagrosa”, sino porque modifica el entorno bioquímico donde la enfermedad se expresa.

La nutrición no cura la endometriosis, pero sí puede cambiar su expresión y comportamiento.

Micronutrientes que reparan: el papel de NAC y las vitaminas antioxidantes

Junto a la alimentación, la micronutrición ofrece herramientas muy valiosas para recuperar el equilibrio interno. No se trata de “tomar suplementos por tomar”, sino de corregir aquello que la inflamación crónica agota o bloquea.

Las vitaminas C y E, por ejemplo, han demostrado en ensayos clínicos que pueden reducir el dolor pélvico, la dismenorrea y la dispareunia. Este efecto no es casual: ambas vitaminas actúan sobre el estrés oxidativo. Cuando se reduce esa sobrecarga oxidativa, las células inflamadas dejan de “gritar” y el dolor disminuye.

La N-acetilcisteína (NAC), por su parte, es uno de los suplementos con mejor evidencia emergente. NAC no solo disminuye el dolor y la inflamación, sino que ha demostrado reducir el tamaño de los endometriomas, bajar los niveles de Ca125 y mejorar la fertilidad: en un estudio reciente, 39 de 52 mujeres con deseo gestacional lograron embarazo en los primeros seis meses de uso.

La NAC favorece la síntesis de glutatión, el principal antioxidante endógeno, mejora la función mitocondrial, regula la respuesta inflamatoria y favorece un mejor metabolismo de estrógenos.

Para mí, es, literalmente, un soporte en cualquier paciente con endometriosis que llegue a mi consulta.

La microbiota: cuando el intestino participa en la enfermedad

Durante mucho tiempo se pensó que la alteración de la microbiota era una consecuencia del dolor, los tratamientos y la inflamación. Hoy sabemos que no es así. Hay estudios genéticos de alta calidad que demuestran que ciertos géneros bacterianos aumentan causalmente el riesgo de endometriosis.

Anaerotruncus, Desulfovibrio, Haemophilus y Holdemania no son simples acompañantes: son microorganismos implicados en activar rutas inflamatorias, modular el metabolismo de los estrógenos y alterar la comunicación inmunológica. Esto explica por qué tantas mujeres con endometriosis presentan hinchazón, tránsito irregular, intolerancias alimentarias o dolor abdominal: el intestino no está sano, y cuando el intestino se inflama, toda la pelvis se inflama.

Desde mi punto de vista, es impensable tratar de mejorar la calidad de vida de una mujer con endometriosis sin tratar de mejorar la composición de su microbiota, mediante una dieta adecuada, herbáceos que nos ayuden a eliminar las bacterias implicadas en la inflamación crónica que padecen sus cuerpos o antibióticos pautados por el personal médico si es necesario, probióticos específicos y un apoyo a la digestión y a la barrera intestinal ya que en esta barrera y su mucosa se instalan las bacterias buenas reguladoras que pueden evitar que sobre crezcan los patógenos y a la vez ayudan produciendo sustancias antiinflamatorias y que están implicadas en el metabolismo energético. 

Al final, vemos que cuando trabajamos la salud gastrointestinal modulamos la inflamación, reducimos el dolor y mejoramos la calidad de vida de la persona.

Para mí, trabajar esto, no es un complemento opcional: es una pieza clave en el rompecabezas de la enfermedad.

Hacia un abordaje más humano, más integrativo y más respetuoso con tu cuerpo

La endometriosis no se resuelve únicamente con cirugía o medicación. Tampoco únicamente con nutrición. Ni solamente con descanso, suplementación o gestión emocional.

Puede mejorar muchísimo con un abordaje que entiende que el cuerpo es un sistema interconectado, donde la inflamación pélvica habla con la microbiota, donde el estrés dialoga con las hormonas, donde la alimentación influye en el dolor y donde la biología se ve afectada por el contexto emocional.

Tu cuerpo no te está fallando. Está pidiendo un tipo de cuidado distinto. Uno que no se limite a apagar síntomas, sino a comprender por qué están ahí. Uno que respete tu energía, tu deseo reproductivo, tu historia y tus límites.

Si necesitas un acompañamiento que entienda esta complejidad…

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Ivonne



 

Referencias científicas

Evidencia sobre endometriosis


How Do Microorganisms Influence the Development of Endometriosis? Participation of Genital, Intestinal and Oral Microbiota in Metabolic Regulation and Immunopathogenesis of Endometriosis.

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Gut Microbiota and Endometriosis: Exploring the Relationship and Therapeutic Implications.

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Endometriosis Is a Disease of Immune Dysfunction, Which Could Be Linked to Microbiota.

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